CNDH y la fuerza del movimiento feminista

Foto: Archivo Tlanesi

 

Si hay un responsable de la toma de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), es la pésima lectura política que ha hecho este gobierno de las exigencias feministas que ha escalado el encono.

El hartazgo que llevó a las colectivas feministas a tomar la sede de la presidencia de la CNDH, es de al menos 15 años de simulación institucional para erradicar la violencia contra las mujeres.

El encono de las mujeres se ha alimentado por años ante el crecimiento de la violencia feminicida y la inacción efectiva del Estado, y, se exacerba en este gobierno por el desprecio a la exigencia y la falta de congruencia.

Los hechos

Por un lado, se incorporan al gabinete a mujeres para ser políticamente correcto, algunas de ellas cercanas al movimiento feministas, pero desprovistas de poder real.

Se proclama en el exterior la política feminista del gobierno mexicano, pero en el país se practica el antifeminismo.

Se asegura que como nunca se ha protegido a las mujeres y se debilitan las instituciones responsables de velar por sus Derechos Humanos.

Y esto exacerba el hartazgo, lo han dicho en reuniones y en las calles.

Hartas

Están hartas de que la vida y la integridad de las mujeres no sea prioridad del Estado. De ser escuchadas, pero no atendidas para resolver la impunidad y erradicar la violencia contra las mujeres en todo los ámbitos, públicos y privados.

Cuando se tiene las leyes, las instituciones, los mecanismos para avanzar hacia una vida libre de violencia para las mujeres y niñas, las acciones gubernamentales van en sentido contrario.

Se tardaron siete días para sentarse con la colectiva que tiene tomadas las instalaciones de un órgano autónomo, porque, quien preside la CNDH y tiene a su cargo la vigilancia de la política para la igualdad entre mujeres y hombres, esto poco se sabe, no quiso resolver la situación y por el contrario alimentó el encono.

La fuerza del movimiento

El 8 de marzo pasado se llenaron las calles de la Ciudad de México con miles de mujeres, las convocantes calcularon 2 millones de asistentas.

Salieron a la calle en todo el país a demandar acciones de sus gobiernos, del presidente y del Estado en su conjunto, porque el movimiento feminista es nacional.

Tomaron las calles como respuesta al desdén presidencial y a su ceguera misógina que le impide leer la fuerza política del feminismo.

Ya no cabe la simulación, ni la administración del conflicto. Este gobierno se está jugando su última carta para reconducir su política a favor de los Derechos Humanos de las mujeres. Lo han dicho claramente las feministas, quieren soluciones.

El reto no es menor, no depende solo de los buenos oficios de la Secretaria de Gobernación Olga Sánchez Cordero, ni de las funcionarias. Aquí la interpelación llega hasta Palacio Nacional, pues las descalificaciones y el menosprecio que más ha indignado es el presidencial.

El movimiento feminista, principalmente juvenil, ha dado muestras que no se quedarán en las salas de reuniones.

Sus estrategias implican la acción directa, marchas, pintas, performance, tomas de instalaciones, no sólo de la CNDH, sino de facultades y lo que venga.

La brillantina rosa ha mostrado su fuerza y ni con pandemia ha disminuido.

No la tiene fácil el gobierno, no. ni las instituciones responsables de erradicar la violencia tampoco, porque no solo han ido perdiendo fuerza política y legitimidad, sino recursos económicos para operar. Y lo estamos viendo con la propuesta presupuestal: sólo 2 por ciento para los DH de las mujeres.

Si este gobierno no reconoce la fuerza del movimiento feminista ni lo ve como interlocutor político y por el contrario apuesta a la administración del conflicto, al cansancio y al desgaste, seguirá alimentando el hartazgo y enojo de las feministas. Entonces deberá hacerse cargo del tamaño de la respuesta.