El último cumpleaños de Wendy: Crónica de un feminicidio

Foto: Archivo Tlanesi

 

Juana Andrés Rivera

Estudiante de la Escuela de Trabajo Social “Vasco de Quiroga”

 

COMALA, Col.- Llegaron en una camioneta sus cuñados y su suegra, muy envalentonados. Unos traían palos, otros machetes, queriendo abrir el falsete para entrar y sacar de la casa a Wendy (nombre ficticio), quien se encontraba en el fondo resguardada, temblando de miedo. En la primera oportunidad que tuvo escapó; había ahorrado unas monedas a escondidas, tomó a su hija, subió a la ruta y se trasladó de un poblado a otro, donde se encontraba su familia.

Hasta ese lugar, su pareja —a quien llamaremos Carlos— y algunos de los familiares de éste, llegaron para exigirle que regresara a la casa donde vivía con él. Mientras eso sucedía en la calle, desde adentro de la casa una de las tías de Wendy, a quien llamaremos Marisa (también nombre ficticio, pues así lo pidió antes de narrar los hechos) les advertía: “Si se pasan, si abren el falsete, no respondo. A Wendy no se la van a llevar a la fuerza. Si ella dice que no, yo respeto su decisión. Pásense para que vean de a como nos toca”. Después de intercambiar palabras y sin lograr su propósito, la madre de Carlos dio la orden para que finalmente se retiraran.

Por esa vez Wendy logró ganar la partida, cuenta su tía Marisa en entrevista. Cuando la joven y su hija de apenas 7 años llegaron a su casa —en una comunidad del municipio de Comala, Colima—, estaban muy desmejoradas, flacas y hambrientas. Wendy ya no quiso regresar al domicilio conyugal, porque allá la maltrataban su pareja, su suegra y sus cuñados.

La madre de la joven murió cuando ella y su hermano aún eran muy pequeños. Ellos eran hijos de un segundo matrimonio, pues su padre ya era viudo y tenía 4 hijos más de su primer matrimonio. En 2020 también su padre acababa de fallecer.

Al paso de los días, Wendy y Carlos se reconciliaron y él se vino a vivir al domicilio de ella, pero la familia podía observar que no la dejaba ni a sol ni a sombra. A donde ella iba, allá la seguía, así fuera a la tienda. La tía Marisa la dejó como su empleada en su florería y ahí estaba él, acompañándola. Hasta dejó de ir a trabajar por estarla cuidando. Algunos clientes mejor no llegaban a la florería por temor a Carlos.

Se presentó la oportunidad de que él se fuera a Estados Unidos a trabajar por un tiempo, pero dejó de vigilantes a su mamá, a sus hermanos y, lo que aún es peor, al propio hermano de Wendy, dos años menor que ella, quien le informaba a Carlos santo y seña de lo que ella hacía, a dónde iba, con quién hablaba.

Recuerda la tía Marisa: “Aun estando en la casa cerca de sus familiares, nunca la dejó de golpear, siempre traía moretones. Cuando le preguntábamos, tan sólo se limitaba a contestar diciendo que se había golpeado con algo. Nunca decía nada, se callaba y sólo agachaba la cabeza y se iba a otro lugar”.

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Los Centros de Justicia para la Mujer son el resultado de la suma de esfuerzos y recursos entre el Gobierno de la República, las entidades federativas y organizaciones de la sociedad civil, para la creación de espacios que concentran bajo un mismo techo servicios multidisciplinarias tales como:

a) Atención psicológica, jurídica y médica;

b) Albergues temporales;

c) Ludotecas con expertas/os en temas de desarrollo infantil, y 

d) Talleres de empoderamiento social y económico para apoyar a las mujeres a salir del círculo de violencia.

Sin embargo, son centros que en la mayoría de las comunidades rurales del estado las mujeres desconocen, pues no existe la difusión necesaria para darse a conocer, lo que ocasiona que muchas mujeres no sepan a dónde acudir a solicitar ayuda sobre el tema de la violencia intrafamiliar y prefieren callarse antes de denunciar a quienes las violentan. Ese fue el caso de Wendy, pues al preguntarle a la tía Marisa dice que quiso pedir ayuda, pero no sabía a dónde dirigirse.

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Carlos se fue nuevamente a Estados Unidos y fue ahí cuando Wendy aprovechó para terminar la relación. Él, al no aceptar, regresó antes sin avisar de su llegada, sorprendiéndola, arrebatándole el celular, le revisó todo. Era sábado, ese día la golpeó, después sacó todas sus cosas y se fue a su pueblo natal llevándose con él a su hija. Transcurrieron alrededor de quince días y Wendy, al no tener noticias de la menor, optó por poner una denuncia en el Ministerio Público. Él al darse cuenta la buscó, la golpeó y la amenazó con una navaja, pero ella logró escapar y llegar hasta donde estaban sus hermanas, quienes la ayudaron, y no le quedó de otra a Carlos que escabullirse.

Esa misma semana regresó el hombre y, aprovechando que todos dormían, entró a la habitación donde Wendy se encontraba dormida e intentó ahorcarla, pero ella logró gritar, llegaron las hermanas a salvarla y nuevamente Carlos se escapó entre la oscuridad.

Wendy ya no soportó más e interpuso otra denuncia, pero ya por las lesiones que había recibido. Nuevamente fue al Ministerio Público que se encuentra en la cabecera municipal de Comala, pero sólo quedó en eso, en una denuncia, porque no vio que hicieran nada al respecto.

Finalmente la mandaron llamar, al igual que a Carlos, para que llegaran a un acuerdo del tiempo que compartirían con su menor hija. Se decidió que sería una semana con ella y otra con él. Pero la tía Marisa observaba que Carlos no respetaba el convenio, pues a la hora de entregar a la menor, la citaba en lugares lejos de su casa, con el argumento de que tenía una orden de restricción.

Al verse para entregar a la niña retomaron nuevamente su relación de pareja. Y poco tiempo pasó para que volvieran las amenazas, el acoso y, como Carlos no vivía en la casa con ella, el hermano menor de Wendy era el que le informaba todo lo que ella hacía; hasta le robó el teléfono celular para entregárselo a Carlos, quien nuevamente revisó todo lo que ella tenía en el aparato. A los contactos que no tenían nombre, él mismo les marcaba para ver de quién se trataba, amenazándoles para que no la llamaran ni buscaran, lo que motivó que Wendy tomara nuevamente la decisión de terminar la relación.

Lo anterior provocó que Carlos se enfureciera. Con la amenaza de no entregarle a la hija de ambos, la chantajeaba y la obligaba a salir con él, citándola en lugares lejanos a la comunidad, es decir, en la ciudad de Colima. Una ocasión la citó en un motel y ella al ver que no estaba su hija, se salió dejándolo solo, lo que generó nuevamente su coraje.

Comenta la tía Marisa que un día, en una plática, la menor hija de Wendy y de Carlos les dijo que su tío y su papá estaban planeando cómo matar a su mamá, pero no le dieron importancia por ser ella pequeña.

El 19 de septiembre de 2020 era sábado, ese día Wendy organizó una pequeña fiesta con algunas de sus amigas porque el domingo cumpliría 24 años. Las jóvenes se pusieron de acuerdo para llevar lo que degustarían. Una llevó una ensalada, otra las bebidas, una más puso las botanitas y así fue como tomó forma el convivio para festejarse un año más de vida. Al iniciar la reunión era evidente la alegría que se le observaba a Wendy: reía, cantaba y bailaba sin imaginar que ese sería el festejo de su último cumpleaños. La fiesta se prolongó hasta la medianoche, se despidieron las amigas y todos se fueron a dormir.

La tía Marisa comenta que mientras eso sucedía, el hermano menor de Wendy estaba en su cuarto, escuchando música y también lo escuchaba cantar, observando lo que su hermana Wendy hacía y decía en compañía de sus amigas. El convivio terminó y se quedó todo en silencio. Dice que al parecer esperaron a que todos se durmieran, momento que el hermano de Wendy aprovechó para llamarle a Carlos, o quizás ahí lo tenía adentro del cuarto, porque nadie se percató del momento en que entró a la casa.

Esa noche, la menor hija de ambos estaba en casa de su papá. La tía Marisa cree que al parecer ya tenía todo planeado. Eran aproximadamente las 5 de la mañana del domingo 20 de septiembre cuando una de sus hermanas escuchó un grito muy fuerte: “CARLOSSSSS”. Era el nombre de su expareja lo que Wendy exclamó y fue lo último que dijo. Su hermana se levantó rápido y corrió hasta el cuarto de Wendy, pensando que Carlos la estaba golpeando. Al encender la luz se dio cuenta de que la joven se estaba desangrando sobre la cama. De inmediato fue por la tía Marisa a su cuarto.

—¡Tía —gritaba—, venga, aquel cabrón se metió y acuchilló a Wendy; se está desangrando y no se mueve; venga por favor!

“Yo me levanté en chinguiza y fui hasta el cuarto de Wendy. Ella estaba ahí, postrada en la cama, tenía un color amarillo y su mirada perdida. Aún seguía viva, pero estaba agonizando. Tomé mi camioneta y fui al Centro de Salud de la comunidad para ver si la doctora podía venir, pero ella argumentó que no podía ir a domicilio, que no lo tenía permitido.

“Regresé a la casa con la esperanza de que la ambulancia ya estuviera ahí. Pero no, aún no había llegado y nosotros no sabíamos qué hacer. Me sentía impotente. Las hermanas me gritaban que la lleváramos al Centro de Salud, todas llorábamos y les decía que no la podíamos mover. Yo quería abrazarla, levantarla, pero no sabía lo que era correcto. Por fin, cuando llegó la ambulancia Wendy ya tenía cinco minutos de haber fallecido. Yo les pedí a los paramédicos que le dieran electrochoques, pero dijeron que no tenía caso, que ya había muerto”.

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En su artículo 124 Bis, el Código Penal para el Estado de Colima, establece lo siguiente:

Comete el delito de feminicidio quien prive de la vida a una mujer por razones de género. Existen razones de género cuando se acredite cualquiera de los siguientes supuestos:

I. La víctima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo;

II. A la víctima se le hayan infligido lesiones infamantes, degradantes o mutilaciones, previas o posteriores a la privación de la vida;

III. Existan antecedentes o datos que establezcan que se han cometido amenazas, acoso, violencia o lesiones del sujeto activo en contra de la víctima;

IV. Existan antecedentes o datos de cualquier tipo de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar, del sujeto activo en contra de la víctima;

V. Exista o haya existido entre el activo y la víctima una relación de parentesco por consanguinidad o afinidad, de matrimonio, concubinato, sociedad de convivencia, noviazgo, cualquier otra relación de hecho o amistad;

VI. Exista o haya existido entre el activo y la víctima una relación laboral, docente, o cualquier otro que implique confianza, subordinación o superioridad;

VII. La víctima haya sido incomunicada, cualquiera que sea el tiempo previo a la privación de la vida;

VIII. El cuerpo de la víctima sea expuesto, depositado, arrojado o exhibido en un lugar público; o

IX. Cuando la víctima se haya encontrado en un estado de indefensión, entiéndase éste como la situación de desprotección real o incapacidad que imposibilite su defensa. Ya sea por la dificultad de comunicación para recibir auxilio, por razón de la distancia a un lugar habitado o por que exista algún impedimento físico o material para solicitar el auxilio.

A quien cometa feminicidio se le impondrán de treinta y cinco a cincuenta años de prisión, multa por el importe equivalente de mil a mil quinientos días de salario mínimo, y privación de derechos que le pudieran corresponder en relación a la víctima, incluidos los de carácter sucesorio.

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Fueron cinco las perforaciones que Wendy tenía en el cuerpo, todas alrededor del pecho, a la altura de los pulmones y el corazón. Al parecer el asesino las hizo con un picahielo porque no se le apreciaban mucho, por lo que la tía Marisa considera que se desangró por dentro.

De repente la casa se llenó de gente: los paramédicos, los policías, los peritos, los periodistas. “Nos retiraron y cerraron la puerta y no nos dejaron entrar; eran cerca de las 7 de la mañana cuando salieron ya con el cuerpo para trasladarlo a Colima. Yo aún le decía al paramédico: ‘Fíjese si está viva, ¿Está seguro que sí está bien muerta? ¡Por favor, revísela bien, a lo mejor está viva!’  Él me miró y me dijo: ‘Señora, hágase el ánimo, ella ya falleció’. Y se la llevaron”.  

En la actualidad, la tía y las hermanas de Wendy tienen la custodia de la menor; todos recibieron atención psicológica, pero la más afectada es la niña, ya que en una plática una de sus compañeritas con quien jugaba le dijo que su papá había matado a su mamá, que por eso ya no estaba. La familia tuvo que hablar con ella y decirle lo que ocurrió. La niña no olvida esa situación y hoy lo que pide es que a su papá le hagan lo mismo que a su mamá, para que también muera.

La tía Marisa comenta que recibieron apoyo de parte del Instituto Colimense de las Mujeres, que la respaldaron también con los gastos funerarios y llevan a la menor a recibir atención psicológica.

A cuatro meses del feminicidio, Carlos está recluido en el Centro de Reinserción Social (Cereso) de la ciudad de Colima, aún sin recibir sentencia. El hermano de Wendy, que también estaba detenido por presunta complicidad, ya fue liberado por no existir suficientes elementos de prueba para sostener dicha acusación y actualmente vive en casa de la mamá de Carlos. La familia de Wendy solicitó apoyo y su casa está resguardada por una patrulla.  

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Según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), durante el gobierno de José Ignacio Peralta Sánchez han sido asesinadas 3 mil 510 personas en el estado de Colima, en el periodo de febrero de 2016 a diciembre de 2020.

Entre las víctimas de asesinato se contabilizaron 406 mujeres durante ese lapso, con una tendencia creciente cada vez más grave. A pesar de que el 20 de junio de 2017 la Secretaría de Gobernación emitió la Alerta de Violencia de Género para cinco municipios del estado de Colima, la cantidad de muertes violentas de mujeres no sólo no se ha reducido, sino que año con año se ha incrementado: En 2016 fueron privadas de la vida 62 mujeres; en 2017 la cifra se elevó a 75; en 2018 creció a 79; en 2019 a 92 y a lo largo de 2020 fueron asesinadas 98 mujeres.

De los 406 asesinatos de mujeres de 2016 a 2020, sólo 65 fueron clasificados por las autoridades colimenses como feminicidios y el resto fueron catalogados como homicidios dolosos. Durante 2020 fueron 14 casos los reconocidos como feminicidios, dos de ellos en septiembre, mes en el que Wendy fue asesinada.

En los años 2018, 2019 y 2020 el estado de Colima ha ocupado el primer lugar nacional en feminicidios, con la tasa más alta del país. Durante el año recién concluido, la entidad registró 3.55 feminicidios por cada 100 mil mujeres, seguida por Morelos, con 3.14 casos; Nuevo León (2.39), Sonora (2.07) y Veracruz (1.98).

 

 

 Vídeo: Archivo Tlanesi

 

 

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Edificios altos para enfrentar la sismicidad de Colima

Foto: Raymundo Padilla Lozoya

 

El 21 de enero de 2003, un terremoto de 7.6 grados de magnitud cimbró el estado de Colima. Las consecuencias y sus daños persisten aún en la memoria de sus habitantes.

A raíz de este fenómeno, científicos colimenses han fortalecido la investigación en materia de sismología y llevan a cabo un proyecto multidisciplinario e interinstitucional que propone la construcción de edificios altos para regiones que, aunque son altamente sísmicas, tienen un suelo duro, formado por material volcánico.

 

COLIMA, Col. (Agencia Informativa Conacyt).- Quince años después del terremoto de 2003, los recuerdos todavía hacen aflorar las lágrimas en los ojos de María Guadalupe León Bautista, habitante de la colonia San Isidro en el municipio conurbado de Villa de Álvarez, Colima. 

Durante el movimiento telúrico, de 7.6 grados de magnitud, se derrumbó la casa familiar y murió su padre, Pedro León González, atrapado entre los escombros, mientras que su hermana menor, Sofía de Lourdes, sufrió heridas y fracturas que la mantuvieron más de dos meses en silla de ruedas.

Según las cifras oficiales, esa noche murieron 24 personas, 550 resultaron heridas, y hubo daños de diferentes magnitudes en más de 26 mil casas habitación, equivalentes a alrededor de 20 por ciento de las viviendas de entonces en la entidad. Los daños materiales cuantificados en el estado ascendieron a casi dos mil millones de pesos.

La casa de la familia León Bautista no fue la única colapsada en esa colonia, ya que la gran mayoría de sus vecinos sufrió pérdida total de sus viviendas. Días después, cuando fueron retirados los escombros, los terrenos baldíos se extendían por cuadras enteras.

Posteriores estudios de mecánica del suelo de esa área de la zona metropolitana Colima-Villa de Álvarez determinaron que no eran terrenos aptos para construcción, por el exceso de humedad y la falta de consistencia, debido a que tiempo atrás ahí habían estado asentadas algunas ladrilleras.

María Guadalupe León recuerda que el gobierno estatal ofreció reubicarlos en lotes de la colonia Real de Minas, pero la mayoría de los vecinos no aceptó, por lo que finalmente las autoridades les permitieron quedarse en el lugar a quienes así lo desearan.

La familia León Bautista fue una de las que no se fueron, pero ante la insuficiencia de los 30 mil pesos recibidos como único apoyo de parte del Fondo de Desastres Naturales (Fonden), los hermanos de la mujer, de oficio albañiles, tardaron seis años en edificar una nueva vivienda sobre el mismo terreno.

Sin embargo, para evitar riesgos derivados de las deficiencias del suelo, el inmueble fue construido de una sola planta —originalmente tenía dos niveles— sobre una gruesa plataforma de concreto y varilla.

INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA ANTE FENÓMENOS SÍSMICOS

De acuerdo con José Francisco Ventura Ramírez, exdirector de la Facultad de Ingeniería Civil de la Universidad de Colima (Ucol), el sismo del 21 de enero de 2003, ocurrido minutos después de las 20:00 horas, se ubica dentro de la categoría macro por haber rebasado los siete grados de intensidad y por la magnitud de los daños causados.

Tuvo un impacto más fuerte en Tecomán y la zona metropolitana de Colima-Villa de Álvarez; en el primer caso por deficiencias en la construcción, mientras que en el segundo por estar en una zona de avalancha volcánica que tiene al menos tres tipos de suelo, que responden de manera distinta.

A 15 años de distancia, sin embargo, la población del estado continúa en situación de vulnerabilidad porque hasta ahora solo la capital tiene un reglamento reciente de construcción, emitido en 2014, pero no ha publicado las normas técnicas para garantizar la seguridad de los nuevos inmuebles ante fenómenos sísmicos.

Sin embargo, en este periodo se avanzó en algunos aspectos, como la elaboración de un atlas estatal de riesgos y el fortalecimiento de la investigación científica de la Universidad de Colima en materia de sismología.

Ventura Ramírez, maestro en ciencias en el área de ingeniería sísmica, señala en entrevista que todo el estado de Colima se encuentra en una zona de muy alto peligro sísmico, debido a que las placas oceánicas de Cocos y Rivera se hunden bajo la placa continental Norteamericana a lo largo de la trinchera mesoamericana y forman zonas de subducción donde ocurren muchos terremotos.

Pese a lo anterior, contra la creencia popular de que por ser zona altamente sísmica la ciudad de Colima no es apta para la construcción de edificios altos, el doctor Agustín Orduña Bustamante prepara el proyecto “Desarrollo de vivienda vertical sustentable”, para el que propone la aplicación del mecanismo denominado aislamiento sísmico.

Profesor investigador de la Facultad de Ingeniería Civil de la Universidad de Colima, Agustín Orduña explica que la idea es promover edificios para vivienda de diez a veinte niveles, pues este tipo de inmuebles “es más apropiado y seguro para regiones como Colima que, aunque son altamente sísmicas, tienen un suelo bastante duro, formado por material volcánico”.

Según el académico, la característica de los sismos en esta entidad —de movimientos rápidos y periodos naturales cortos— afecta más las edificaciones rígidas de una o dos plantas que los edificios altos.

“En suelos duros, un sismo de movimiento rápido, con periodos de alrededor de 0.1 segundos, no alcanza a mover un edificio grande, pues este tiene un desplazamiento más pausado, más lento, que va de uno a dos segundos; la idea que propongo está relacionada con lo que en ingeniería se llama aislamiento sísmico, en el que mientras el suelo se mueve muy rápido, el edificio prácticamente se queda inmóvil; con este mecanismo, el sismo probablemente se percibe como subir y bajar, más que el movimiento horizontal que normalmente puede causar más daño”, refiere.

Agustín Orduña Bustamante compara esto con la maniobra que hacen los magos que retiran rápidamente el mantel de una mesa sobre la que había una jarra con agua y esta se queda en su sitio. “Es tan rápido que el movimiento no se puede transmitir a la jarra, que es algo pesado. Es algo parecido con el desplazamiento del sismo: se mueven el terreno y la base del edificio relativamente rápido, con oscilaciones cortas y rápidas, y el edificio tiene otra forma de vibrar más pausada, digamos que no tiene tiempo de seguir el movimiento del terreno”.

José Francisco Ventura señala, a su vez, que ante los tres tipos de suelo del área conurbada Colima-Villa de Álvarez, cada zona debe tener su propio diseño para construcción desde el punto de vista sísmico. Y aunque el área de mayor riesgo se encuentra al sur de la ciudad, en todos los casos se requiere realizar estudios del suelo porque las avalanchas volcánicas están compuestas de materiales diversos: “A veces se encuentra uno piedras muy grandes y en otras hay islas de material de tierra conocido como limo o arena”.

—¿Esa información está considerada en los reglamentos de construcción?

—Sí y no. Sí, porque ya hay estudios y de alguna manera las inmobiliarias conocen esa situación, pero no, porque no se ha publicado oficialmente y entonces mientras esto no ocurra no hay forma de hacer obligatorio que se aplique.

“La ventaja hacia el suroriente, considerada la de mayor riesgo por su tipo de suelo, es que originalmente la construcción de viviendas es de inmobiliaria —salvo algunas colonias tradicionales que eran parcelas y los propios dueños fueron edificando— y estas constructoras sí cumplen los reglamentos porque el Infonavit o cualquier otra autoridad les pone una serie de filtros que tienen que cumplir para poder asegurarlas”.

Sin embargo, advierte que las ampliaciones de esas mismas viviendas no son seguras, pues una vez que se le agregan recámaras u otros espacios como cochera, no hay garantía de que se hayan hecho con un proyecto que considere el efecto sísmico del suelo ahí.

MAPA DE RIESGOS

José Francisco Ventura Ramírez cuenta que en 2010, junto con el doctor Vyacheslav Zobin, del Observatorio Vulcanológico de la Universidad de Colima, realizó un mapa que marcaba la zona sur de la capital como la de mayor riesgo ante un temblor de gran magnitud.

“En la zona centro ya sabemos que va a haber daños, es algo que se tiene que considerar porque por un lado está conservado el patrimonio histórico, pero también sabemos que los materiales tienen degradación con el tiempo y que va a haber daños ante un temblor. La idea es volver a construir prácticamente igual como estaba, con la finalidad de hacer la conservación de ese patrimonio, obvio siempre buscando que no haya heridos o fatalidades, pero aceptando que hay daños por el tipo de construcción”.

En la zona norte, añade, también puede llegar a ser preocupante no porque no respeten el reglamento, pues son construcciones grandes que tienen sus autorizaciones e ingenieros que vigilan su construcción, pero “algunas de ellas son bastante audaces, es decir, tienen claros muy grandes, y muchas veces esas soluciones se salen un poquito de lo tradicional de las normas y deben tener buenos constructores para garantizar que no hay posibilidad de daños”.

—¿Qué falta para que se publiquen las normas técnicas de construcción?

—El reglamento de Colima se publicó en mayo de 2014 y los transitorios marcaban el plazo de un año para publicar las normas, pero ese año llegó en época electoral de cambio de gobernador y de ayuntamiento, pero el actual gobierno tampoco ha publicado tales normas, desconozco las razones.

“Una situación que se presenta es que aunque los ayuntamientos tienen la facultad de darles seguimiento, desde mi punto de vista creo que las normas deberían ser estatales. Que no las publiquen los ayuntamientos, sino que estos solo publiquen el proceso con el cual van a verificar que las normas se cumplan, pero creo que el estado debería publicar las normas”.

En la elaboración de las normas técnicas, dice, participan el Colegio de Arquitectos y el de Ingenieros Civiles y están basadas prácticamente en la norma de la Ciudad de México, porque allá está el Instituto de Ingeniería de la UNAM, el Instituto de Investigaciones Eléctricas, así como los edificios más altos del país y los suelos más complicados por ser zona lacustre, además de que muchas investigaciones sobre los efectos de los sismos están concentradas allá, aunque no tiene sismos tan fuertes como los de la región de Colima.

En las normas técnicas del municipio de Colima se establece que ya no debería haber ventanas ni puertas sin castillos ni dalas por los tres lados. “Está probado que si tú a los marcos no les pones castillos y dalas, por muy pequeños que sean los vanos, ahí se van a concentrar riesgos (…) A mayor seguridad se encarece un poco la obra, pero la parte del diseño se trata de eso y garantizamos que no va a haber pérdidas mayores. Eso ya está considerado en las normas que no se han publicado”.

Otro aspecto muy importante es el relacionado con los estudios de la mecánica de suelos en cada uno de los terrenos, situación que se torna más crítica, pues ante la existencia de islas de diversos materiales, no resulta válido basarse en un estudio realizado a dos cuadras de distancia.

Un estudio de mecánica de suelos, que tiene un costo de seis mil a siete mil pesos, actualmente no se exige legalmente, por lo que en la norma técnica debería establecerse la obligatoriedad de realizarlo, pues como está la situación es fácil no hacerlo y no hay problema legal, aunque para una construcción más grande, de 400 metros cuadrados o más, ya es indispensable que tenga su estudio de mecánica de suelos, de lo contrario no se autoriza la obra.

María Guadalupe León recuerda que semanas después del terremoto de 2003, ingenieros japoneses y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) realizaron en el terreno de su casa caída un estudio de mecánica de suelos. “Excavaron como un metro o metro y medio de profundidad y decían que había mucha agua, que no era apto el terreno para construir nuevamente porque había mucha humedad abajo, pero ya ve, uno es terco”.

Mientras las cinco mujeres de la familia pretendían aceptar la reubicación ofrecida por el gobierno, su hermano mayor las convenció de quedarse en ese lugar con el argumento de que ese era el patrimonio que les dejaron sus papás. Las diversas etapas de la casa fueron construidas por los dos hermanos albañiles en fines de semana, con asesoría de un ingeniero que les indicó la manera como podían reforzar su nueva vivienda.

Así también, el gobierno del estado terminó por permitir la construcción de viviendas en los mismos terrenos. “En ese entonces estaba Fernando Moreno Peña de gobernador y nos hacían reuniones, al principio nos decían que no eran aptos los terrenos, pero al final nos dijeron que si no queríamos reubicación, nos podíamos quedar aquí. Mucha gente no quería reubicarse. Al final, resultó que no nos iban a quitar los terrenos y aquí estamos”.

—¿Cuándo les dijeron que si querían quedarse podían hacerlo?

—Fue antes de que saliera de gobernador Fernando Moreno. En las juntas nos decían que por el temblor primero iban a hacer un estudio del suelo, porque esa parte de aquí fue la más dañada, nos decían que por seguridad de nosotros tenían que reubicarnos y que había espacio en Real de Minas. Mucha gente empezó a protestar, después salió la versión de que iban a construir aquí una planta de la cervecería Corona, pero eran solo "dimes y diretes" porque a nadie le constaba eso. Al final, dijeron que quien quisiera se quedara aquí con sus terrenos.

—¿Usted se siente segura en esta casa?

—Yo pienso que sí, pero no sabe uno. Uno dice y Dios decide. Uno no puede decir: "Esto no se va a caer". Ahí está el Titanic, el que lo hizo dijo que ni Dios lo podía hundir, y en su primera salida se hundió. Nomás sale uno, pero no sabe ni de qué magnitud puede haber un temblor.

Según proyecciones de José Francisco Ventura, en caso de que ocurra en Colima un terremoto de similar intensidad al de 2003, podrían registrarse pérdidas mayores o totalmente en 30 o 40 por ciento de las viviendas de la zona centro, proporción que se reduce conforme aumentan los niveles de seguridad en las áreas restantes.

EDIFICIOS PARA ZONAS SÍSMICAS

En el proyecto de construcción de edificios altos para zonas sísmicas, cuyo responsable técnico es el doctor Agustín Orduña, participan otros ocho catedráticos: seis provenientes de las facultades de Ingeniería Civil y de Arquitectura de la Universidad de Colima, así como un académico del Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional (CIIDIR) Oaxaca y otro de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ).

En octubre pasado, la propuesta fue presentada ante el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), en el marco de su Convocatoria de Proyectos de Desarrollo Científico para Atender Problemas Nacionales 2017, y pasó la primera etapa, por lo que actualmente los académicos entregaron la propuesta formal en busca de la aprobación definitiva y la asignación de recursos para el desarrollo del proyecto.

Aunque la investigación tiene como sede la ciudad de Colima, Agustín Orduña Bustamante aclara que no está enfocada exclusivamente para este lugar, pues también puede ser aplicada en otras ciudades el país con una situación similar en condiciones de sismicidad y tipo de suelo.

Reconoce que por tratarse de una ciudad media, no se percibe todavía la necesidad, desde el punto de vista económico, de construir grandes edificios en los próximos años en Colima, además de que prevalece entre la población desconfianza de vivir en un edificio alto.

“Una de las propuestas que contiene el proyecto es realizar una especie de campaña de concientización de la gente, para explicar que los edificios altos pueden llegar a ser más seguros que las casas de uno o dos niveles, pues cuando se tiene ese tipo de miedos es por desinformación”.

Como parte del proyecto, la base del edificio funcionaría como zona de amortiguamiento de los sismos. “La diferencia —indica el investigador— está en el primer nivel del edificio, cuyas columnas no serían continuas con las vigas del nivel superior y, de esta manera, en un movimiento lo que se movería más es la base, y la parte superior mucho menos; técnicamente esto es aislamiento”.

Entre las características técnicas, el primer nivel “iría reforzado con columnas bastante robustas de concreto o de acero, pero hay que calcular esas columnas muy bien, pues son la base y si llegan a fallar, todo se viene abajo, mientras que del primer nivel hacia arriba sería una construcción tradicional, con la ventaja de que las columnas y vigas irán más reforzadas: en este caso aislamos la estructura del sismo y en la parte de arriba prácticamente no sentirían el movimiento”.

De acuerdo con Agustín Orduña, hay sistemas de aislamiento que se han usado en otros países, pero en México apenas se empiezan a usar aisladores de base y amortiguadores.

“Aunque es otro concepto, la palabra amortiguamiento nos ayuda a definir la respuesta de qué tanto se mueve un edificio con el sismo. Si vemos el sismo como una energía que entra al edificio, una energía en movimiento, el amortiguamiento sirve para disipar la energía y para que la construcción en sí no tenga que disiparla por sí misma, sino que hay elementos que le ayudan y que la estructura no tenga que verse muy esforzada ni muy demandada”.

En el aislamiento tradicional, señala, hay una cimentación que está en contacto con el terreno y los aisladores son elementos relativamente cortos, de menos de un metro de alto, y arriba de ellos se coloca otra cimentación, por lo que ahí hay dos cimentaciones, con un costo duplicado.

En cambio, dice, en su proyecto él propone un tipo diferente de aislamiento, en el que efectivamente hay una cimentación en contacto con el terreno, pero las columnas que van a poder bambolearse y girar durante un sismo se encuentran en la estructura que cubre el primer nivel, pero ese espacio se puede ocupar y tener una función, por ejemplo, de estacionamiento.

“Esta estructura tendría que estar bastante reforzada para soportar este movimiento de las columnas y, a partir de ahí, se puede hacer la construcción de una manera tradicional”, comenta.

Entre las ventajas que tiene este sistema es que prácticamente no habría daños derivados de un sismo, porque al moverse el suelo, las columnas giran, pero como ya están formadas de alguna manera las grietas entre las columnas, la cimentación y la zona de arriba, no habrá agrietamiento: “La columna simplemente va a girar y regresar a su posición vertical y no hubo daño, no hay nada que reparar; desde el punto vista económico, es una ventaja”.

El proyecto considera la realización de pruebas del funcionamiento de ese sistema en el muro de reacción antisísmica que tiene la Facultad de Ingeniería Civil. “Le podemos inducir una fuerza lateral y vemos cómo se comporta la relación entre la fuerza y el desplazamiento, después tendríamos que hacer pruebas en la mesa vibradora que tiene el Instituto de Ingeniería de la UNAM y si vemos que el sistema tiene potencial, habría que hacer más pruebas”.

Puntualiza: “Hay que comprobar cómo funciona, ver la parte económica, si realmente tiene ventajas, y si no es la ventaja económica directa, puede ser en el aspecto ambiental, pues si se construyen edificios altos habrá más áreas verdes. Esperamos que el sistema tenga ventajas económicas y ambientales”.

(Difundido el 23 de marzo de 2018 a través de la Agencia Informativa Conacyt).

 

 

 

 

Lupita, una vida de lucha contra la obesidad

Foto: Oficina para la Salud de la Mujer

 

Escrito por: Édgar Josué Carrillo Mejía

Estudiante de la Escuela de Trabajo Social “Vasco de Quiroga”

 

COLIMA, Col.- Lupita es una mujer adulta que desde la niñez ha sido perseguida por la obesidad, una enfermedad que a lo largo de los años en nuestro país y en Colima cada vez se posiciona con pasos más fuertes.

En el transcurso de su vida, en el municipio de Cuauhtémoc, Lupita ha realizado tres procesos en busca de mejorar su estilo de vida, el primero de ellos en su adolescencia. “En sí, el problema de obesidad lo he tenido desde la primaria, ya ves: los chiquillos que te decían ‘Elefante’ o ‘Gorda’, se reían de ti si corrías y no aguantabas; la burla es lo que más te trauma, el daño de las otras personas hacia ti, que a lo mejor en su momento son niños y no se dan cuenta, pero a nosotros si nos afecta muchísimo”.

Actualmente, a sus 30 años de edad, reflexiona: “Cuando eres adulto te das cuenta de que los niños y niñas pueden hablar sin pensar y tal vez uno busca justificarlos. En la primaria sí me dolía, pero cuando lo sentí más duro fue en la secundaria; entonces fue cuando hice el primer intento por bajar de peso”.

En general, los jóvenes comienzan a realizar algún tipo de ejercicio para tratar de mejorar su apariencia física, se cansan de las críticas o de los malos tratos, entonces regularmente comienzan a realizar cambios en su vida, pero de forma general, sin ningún tipo de proceso profesional. “Falle en mi primer intento porque no tenía las herramientas, sólo hacia ejercicio, pero en cuestión de la alimentación no me cuidaba tanto, sí logre bajar, pero después otra vez dejé de hacer ejercicio, me descuidé y fui para arriba”.

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La obesidad y el sobrepeso se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. Una forma simple de medir la obesidad es el índice de masa corporal (IMC), esto es el peso de una persona en kilogramos dividido por el cuadrado de la talla en metros. Una persona con un IMC igual o superior a 30 es considerada obesa y con un IMC igual o superior a 25 es considerada con sobrepeso. El sobrepeso y la obesidad son factores de riesgo para numerosas enfermedades crónicas, entre las que se incluyen la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. 

Definición de Sobrepeso y Obesidad, Organización Mundial de la Salud.

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Lupita considera que inicialmente se fue por la vía fácil como el ejercicio, descuidando por completo la alimentación, y con esto ocurrió su primer intento fallido de bajar de peso. 

Su segundo proceso lo inició unos años después, cuando volvió a darse cuenta de que tenía un problema. Aunque acepta que su aspecto físico no era de su agrado, recalca que su principal preocupación era la salud, así que esta vez, además de retomar el ejercicio, acudió con una nutrióloga, con la intención de llevar el proceso de la manera más adecuada.

“En el segundo proceso fui muy drástica, porque hacía hasta seis horas diarias de ejercicio, a veces no comía y tomaba pastillas para bajar de peso. En la salud física no me afectó, pero en la salud mental si porque caí en trastorno de alimentación”.

Sin darse cuenta, Lupita llegó a tener bulimia- “La nutrióloga me daba medicamento, pero yo no hacia la dieta; llegaba el día de la cita y yo le decía a ella qué medicamento quería porque según a mí me funcionaba y me lo daba, pero llegó un momento que me dijo que no, que ya estaba mal”.

Los medicamentos mal recetados o mal utilizados pueden causar los llamados rebotes, que provocan un desajuste metabólico en el cuerpo. “Dejaba de comer y tomaba sólo agua, hubo ocasiones en que me desmayaba porque no consumía alimento y con tanto ejercicio sí llegué a ese extremo; después de eso comencé a darme atracones, no comía nada y de repente empecé a comer un chingo, o por ejemplo me comía una bolsa de papitas y me iba a correr o hacia una hora de zumba y sentía que con eso ya estaba bien”.

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El trastorno alimenticio se da cuando ya existe una afectación a nivel neurológico, donde además de un problema de salud, existe un problema emocional muy fuerte, como la bulimia, anorexia y, entre ellas, la obesidad. La mayor parte de las personas que padecen un trastorno alimenticio presentan baja autoestima, elevada ansiedad, desvalorización hacia su persona y su cuerpo, pues tienen problemas muy profundos a nivel emocional.

La obesidad comienza presentándose como enfermedad mental y posteriormente evoluciona a la física. Podría ser reversible siempre y cuando el paciente no sólo lleve un seguimiento nutricional, sino también psicológico o psiquiátrico de ser necesario, porque si la raíz de problema no es atendida, existe la gran posibilidad de que recaiga. Para tratarla, el paciente primero se tiene que concientizar de que tiene un problema, aceptarlo y darse cuenta de ello, después se tiene que profundizar desde el comienzo del problema, siempre motivar al paciente porque en el recaerá la mayor parte del trabajo.

Yennifer Peña, Licenciada en Psicología, egresada de la Universidad de Colima, entrevistada el 10 de diciembre de 2020.

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Lupita no logró llevar el segundo proceso de manera adecuada, pensó que lo más difícil de todo sería el ejercicio, pero en realidad el aspecto alimenticio es la etapa más complicada de llevar en los cambios de estilos de vida saludable. Además, comenzaba a presentar patrones de problemas psicológicos, por lo que el segundo proceso fallido la llevó a tener un peso más alto del que tenía al inicio.

Los medicamentos se convirtieron en su peor enemigo. “Tuve que ir a terapia por el trastorno que ya traía con las pastillas; me decía la nutrióloga que si me las cambiaba por dulces no me iba a dar cuenta, mi lógica era que si me las tomaba iba a bajar de peso, además yo ya no me podía ver en el espejo, pues al hacerlo me sentía como al principio”.

Entonces Lupita tuvo una revelación que la sorprendería: “Un día en una fiesta nos tomaron una foto, me la mostraron y hasta me sorprendió porque pensé que yo no estaba así”.

Su visión hacia ella misma cambió por completo. “En ese momento me di cuenta que ya estaba mal con el ejercicio en exceso o que ya vomitaba”.

Las críticas hacia su persona no dejaban de llegar. “Nunca me trataron mal, pero siempre me veían raro; por ejemplo, cuando iba al gimnasio todos se me quedaban viendo como diciendo, esta que hace aquí”.

Pasó el tiempo y Lupita conoció a un hombre. Quedó embarazada y se fue a vivir junto al papa de su futuro bebé. En este momento comenzó la etapa más complicada de su vida, donde su principal problema fue la ansiedad de comer, la cual fue detonada por el maltrato psicológico que sufría por su pareja.

“Hay muchas cosas que pueden influir, como el maltrato que sufrí con el papá de mi hijo, sufrí muchísimo maltrato psicológico y eso me provocaba ansiedad. De hecho, aún sufro de ansiedad y subí de peso sin darme cuenta, de repente en un mes me elevaba hasta diez kilos y es mucho”.

Para ese entonces Lupita ya presentaba un peso de más de 150 kilos, el cual le dificultaba llevar una vida cotidiana al tener limitaciones para realizar muchas cosas.

“No sé muy bien, pero pude darme cuenta simplemente al caminar, que te agitas, de una esquina a otra y ya estas agitado”. En tono sarcástico y con una sonrisa sutil cuenta sus dificultades cuando su hijo empezaba a gatear: “Me tenía que sentar en el suelo con él, pero cuando me iba a parar, duraba un chingo para poderme parar”.

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La obesidad está presente en una persona que tiene un exceso o índice alto de grasa en el cuerpo más allá del saludable. Obesidad y sobrepeso no son lo mismo, obesidad es un término propio de la grasa y el sobrepeso puede ir en función al musculo.

Cuando la obesidad está acompañada de 3 o más dislipidemias como la hipertensión, resistencia a la insulina, etcétera, estaríamos hablando que tiene un problema de trastorno metabólico, esto se refiere a que existe una afección en la señalización del cuerpo como tal, lo cual puede atraer consigo problemas como el cáncer, diabetes, infartos, entonces técnicamente la obesidad al controlar el cuerpo de forma endocrina (por hormonas) puede afectar órganos como el hígado, el riñón, entre otros.

La forma más sencilla en que la obesidad puede influir es la independencia en la vida cotidiana, una persona obesa no tiene independencia física, no puede caminar mucho tiempo, no puede estar parada mucho tiempo, no puede hacer ejercicio por gusto, incluso algo más banal: no cabe en los asientos de los camiones, por puertas pequeñas, entonces regresamos a lo básico, no puede desarrollarse como una persona “normal”, si nos metemos en cuestionas más clínicas no acabaríamos, podemos generar la tiroides, del sistema nervioso central y del propio metabolismo.

La grasa normalmente tiene señalización mala, el musculo señalización buena dentro del cuerpo, es como una especie de guerra, si existe más grasa, es lógico que ganarán los malos, por eso es importante el parámetro de porcentaje de grasa con el porcentaje de musculo.

Juan Carlos Iglesias, licenciado en Educación Física y Deporte y maestro en Ciencias Fisiológicas, egresado de la Universidad de Colima, entrevistado el 09 de diciembre de 2020.

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Lupita se convirtió en madre, que de por sí ya es un trabajo complicado y exigente. Además de atender su casa, aguantar maltrato, comenzó a refugiarse en la comida, sin darse cuenta del daño que estaba ocasionando a su persona. “Hace cinco años aterricé que estaba mal, que tenía que mejorar mis hábitos o no iba a durar: me iba enfermar de algo que vengo arrastrando de la familia como la diabetes que lo tengo por los dos lados de la familia”.

Lupita comenzó a tener razones para salir adelante y combatir esta enfermedad, que esta ocasión tomaría el camino largo, pero el más seguro y el que le funcionaría. “Yo no tuve una motivación como tal, sino que me alarmó la muerte de un tío que tuvo diabetes y sufrió muchísimo, él era muy querido y verlo sufrir así me hizo pensar que si llegaba a tener diabetes qué iba a pasar con mi hijo. Repito: yo nunca me motivé por estética, sino por la salud”. El pensar dejar solo a su pequeño hijo la hizo sacar fuerzas.

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La evaluación del estado nutricio de la población mayor de 20 años se realizó en 1,121 individuos que representaron a 406,283 adultos del estado. El tamaño de la muestra fue de 890 participantes en zonas urbanas, que representaron a 367,012 individuos, y de 231 participantes en zonas rurales, que representaron a 39,272 individuos.

La prevalencia de las categorías de índice de masa corporal (IMC) de acuerdo con los puntos de corte de la OMS, estratificado por sexo o por localidad. En este cuadro puede observarse que la prevalencia de sobrepeso y obesidad (IMC ≥25 kg/m2) en mujeres fue de 72.2% y en hombres, de 67.5%. La prevalencia de obesidad (IMC ≥30 kg/m2) fue 40.0% más alta en mujeres (42.7%) que en hombres (30.5%), diferencia estadísticamente significativa, mientras que la prevalencia de sobrepeso fue mayor en hombres (37.0%) que en mujeres (29.4%).

No se hicieron comparaciones por tipo de localidad, categorizando por sexo y categoría de IMC, debido a que no hubo poder estadístico para hacer esta estratificación y establecer si las diferencias fueron significativas. En los últimos seis años se observa un incremento de 20.6% en la prevalencia de obesidad en el caso de los hombres (p0.05) en el periodo comprendido entre los años 2006 y 2012 en la prevalencia de sobrepeso en las mujeres. En esta comparación entre las encuestas de 2006 y 2012, la prevalencia de sobrepeso y obesidad en conjunto (IMC ≥25 kg/m2) incrementó 2.8 puntos porcentuales en hombres y 4.9 puntos porcentuales en mujeres.

Instituto Nacional de Salud Pública (2012) Encuesta Nacional de Salud y Nutrición. Los resultados 2012 son los más actuales respecto a la obesidad en Colima debido a que la ENSANUT 2018 no ha presentado los resultados por entidad federativa de ese año.

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Lupita recuerda muy claro todo el tipo de maltrato o discriminación que sufrió hacia su persona. Se acuerda de que llegaba a la casa y su marido le decía burlándose:

-Para que vas al ejercicio.

-Porque me gusta.

-Ni te sirve de nada, vas a estar igual.

Lupita tomaba esas burlas de su pareja como fortaleza. “Yo decía, sólo para callarle la boca lo voy hacer”. En el rostro de Lupita se notaba la satisfacción de lo que había logrado. Estaba logrando grandes avances y sintió la necesidad de ayudar a más personas como ella e intentó estudiar Nutrición. “Quise estudiar, pero todavía estaba gordita, así que los compañeros me molestaban mucho y fue una de las causas por la que me salí de la escuela”.

Actualmente Lupita ha bajado más de 60 kilos de peso, entre dietas, ayuda psicológica y ejercicio. Dice que siempre será más barato invertir en la prevención de las enfermedades. “Yo cuido a mis dos papás, mi mamá tiene un problema en el ojo por lo de su diabetes y la verdad sí sale bien caro todo”. 

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Actualmente la Secretaria de Salud ofrece de manera gratuita servicios, programas y acciones para la prevención de estas enfermedades. Existen programas que se enfocan en el control de obesidad en adultos únicamente, en el Departamento de Enfermedades Crónicas y Envejecimiento (DECE) y el Programa de Atención a la Salud de la Infancia y la Adolescencia (PASIA). Pero en el año 2020 se lanzó la estrategia para la Prevención de la Obesidad Infantil a través de la Subdirección de Atención Médica.

Los niños son los más afectados por esta enfermedad ya que son los más vulnerables y no conocen sus consecuencias. Las personas que están inscritas en uno de los programas, acuden a grupos de ayuda mutua donde aprovechan los servicios para el tratamiento de diversas enfermedades. Cabe señalar que si no acuden a este grupo, por el simple hecho de tener obesidad de igual manera se les atiende. Se les ofrece de manera gratuita la consulta de nutrición, detecciones de glucosa, presión arterial y seguimiento mensual.

Las personas no están obligadas acudir a los programas y los que menos apego tienen al tratamiento son los niños del programa de PASIA. Además, los programas necesitan una reestructuración, otro enfoque de tratamiento para que el paciente tenga mayor apego al mismo, afecta mucho la falta de medicamento, ya que esto genera que el enfermo se aleje de la unidad de salud. La reestructuración debe ser a nivel federal, porque existen muy pocos contratos para personas especializadas en el área.

Dariana Valeria Lizama González, licenciada en Nutrición, entrevistada en la Jurisdicción Sanitaria 1 del Estado de Colima, que en su momento estuvo en el área de Coordinación del Departamento de Enfermedades Crónicas y Envejecimiento.

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Lupita, quien actualmente ya no vive con su esposo, es una mujer que se ha convertido en motivación para muchas mujeres en el municipio de Cuauhtémoc, además de que las mismas personas con sus palabras de aliento hacen que ella no deje ese buen camino. “A mí me motiva mucho que me digan: yo inicié por ti, tú eres mi ejemplo”. Ese mismo estilo de vida lo está tratando de inculcar a su niño. “No le gusta el ejercicio, pero le gusta mucho bailar y yo con que se mueva estoy feliz”.

En estos momentos quiere pasar a la siguiente fase, que es la operación para eliminar el exceso de piel de su cuerpo, pues quiere verlo de bonita forma. Para Lupita su hijo es prioridad y él también necesita una operación en su oído, entonces eso la detiene. “Mis hermanos que están en el Norte me ayudan, pero dicen que me espere poquito, que porque el trabajo está muy bajo”.

Lupita es un ejemplo de que si quieres conseguir un cambio lo puedes lograr. “Yo siempre les digo que sí se puede, aunque no esté fácil”. Todavía está en su proceso de mejorar al presentar en ocasiones problemas con su ansiedad, debido al desequilibrio con sus emociones. “A veces así me siento y no quiero salir pensando en que me verán como al principio, me gana la depresión”.

No cabe duda que lo más difícil de su proceso ya pasó, aunque aún siguen rondándole ciertos fantasmas, pero ella es firme con sus pasos y ya no dará ninguno para atrás. Con una sonrisa en su rostro termina diciendo: “Les callé la boca”.

 

 

 

Desaparición forzada del líder político José Ramón García: 32 años de impunidad

 

A 32 años de la desaparición forzada del líder político opositor José Ramón García Gómez, detenido ilegalmente por policías el 16 de diciembre de 1988 en la ciudad de Cuautla, Morelos, la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos A.C. (CIDHM) solicitó la incorporación del caso en la base de datos de la Comisión de Búsqueda de Personas Desaparecidas de esa entidad.

Mediante un oficio firmado por Juliana G. Quintanilla, José Martínez Cruz, Paloma Estrada Muñoz y Marco Aurelio Palma Apodaca, representantes de la agrupación civil, demandaron a la institución que “se lleven a cabo todas las actividades y tareas conducentes a lograr el esclarecimiento de su paradero y conocer la verdad de lo ocurrido, para obtener la justicia largamente pospuesta y permita sentar las bases para que se apliquen políticas que garanticen que no haya repetición de casos de desaparición forzada cometida por elementos del Estado”.

En texto completo del documento dirigido a la titular de la dependencia, en el que se presenta un panorama general del fenómeno de la desaparición forzada de personas en el país, es el siguiente:

Maestra Wendy Guadalupe Ruiz Ramírez

Comisión de Búsqueda de Personas Desaparecidas del Estado de Morelos.

Por este conducto, quienes integramos la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos A. C., con dirección en Privada de las Flores 16, Colonia San Antón, en Cuernavaca, Morelos, con teléfono 7773185568 y correo electrónico para recibir toda clase de comunicaciones que se sirva proporcionarnos al respecto, nos dirigimos a usted para solicitar que el caso de la desaparición de nuestro compañero José Ramón García Gómez, sea incorporado en la base de datos de la Comisión de Búsqueda y se lleven a cabo todas las actividades y tareas conducentes a lograr el esclarecimiento de su paradero y conocer la verdad de lo ocurrido, para obtener la justicia largamente pospuesta y permita sentar las bases para que se apliquen políticas que garanticen que no haya repetición de casos de desaparición forzada cometida por elementos del Estado.

El 16 de diciembre de 1988 a José Ramón García Gómez lo detuvieron ilegalmente en Cuautla unos policías. Los agentes policiacos que lo detuvieron formaban parte del Grupo de Investigaciones Políticas de la Policía Judicial, dirigido por Antonio Nogueda y al mando del comandante Apolo Bernabé Ríos García, creado por mandato del entonces gobernador Antonio Riva Palacio López. Los tres ya fallecidos sin que se hubiese cumplido la justicia. José Ramón García Gómez fue el primer desaparecido durante el gobierno de Salinas de Gortari. Para investigar el caso se emitieron recomendaciones de la CNDH que pueden ser consultadas en línea: http://www.cndh.org.mx/sites/all/doc/Recomendaciones/1991/Rec_1991_005.pdf)

A pesar del paso de los años, actualmente quedan dos detenidos en Atlacholoaya, sin embargo, no han sido sentenciados por el delito de desaparición forzada, por lo que hasta la fecha este caso permanece en la impunidad. Es por ello que no podemos permitir que casos como el de la desaparición de José Ramón queden en el olvido, ya que dicho delito es considerado como continuado o permanente mientras no se establezca el destino o paradero de la víctima. Su caso debe ser incorporado, ya que nunca se ha localizado y de acuerdo al mandato que tiene la Comisión de Búsqueda, debe dar cumplimiento a la Ley General en Materia de Desaparición Forzada de Personas, Desaparición Cometida por Particulares y del Sistema Nacional de Búsqueda de Personas, reconociendo que la Convención Internacional para la Protección de todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas señala que por esta última se entiende al arresto, la detención, el secuestro o cualquier otra forma de privación de libertad, que sean obra de agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúan con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o del ocultamiento de la suerte o el paradero de la persona desaparecida, sustrayéndola a la protección de la ley.

En este sentido, abrir una investigación histórica sobre la desaparición forzada en Morelos, será la forma de reconocer que a 32 años de la desaparición de José Ramón no haya más impunidad, que la verdad y la justicia vayan de la mano y que nunca más se vuelva a repetir esta represión política contra activistas y luchadores sociales.

Durante la investigación de la Fiscalía Especial creada para el caso José Ramón, se logró encontrar una tumba clandestina en el panteón de Amilcingo, en Temoac, donde se encontraron 17 cuerpos de desaparecidos reclamados por esposas que se identificaron como «Las Viudas de Amilcingo» y que aún siguen esperando que haya verdad y justicia. Ellas lucharon siguiendo el ejemplo de Rosario Ibarra y las Doñas del Comité Eureka desde los años 70’s, y actualmente continúan llevando a cabo más de 70 colectivos de familiares que hacen brigadas de búsqueda de sus familiares desaparecidos en todo el país.

Estas acciones de búsqueda han puesto en evidencia la existencia de miles de fosas clandestinas y fosas comunes utilizadas por autoridades para enterrar cadáveres sin respetar protocolos de identificación forense, como en Tetelcingo y Jojutla. Sin embargo, no se abren las puertas de los campos militares, hospitales psiquiátricos, clínicas contra las adicciones, entre otros sitios donde se presume han sido vistas con vida muchas de las personas desaparecidas.

Un lugar emblemático de la represión es el Campo Militar Número Uno de la Ciudad de México. En sus sótanos fueron llevados miles de desaparecidos desde 1968 y los años 70s, como consta en testimonios presentados ante la ONU y la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado y recogidos en el informe histórico que el gobierno se negó a asumir y publicar al respecto.

En estos días se ha llevado a cabo una visita por la CNDH y Gobernación al Campo Militar Número Uno, pero en lugar de recorrer los sótanos y exigir que se abrieran los archivos del terror de miles de desaparecidos, se hizo una simulación al firmar un acuerdo con la Sedena para brindar una supuesta capacitación a los militares en materia de respeto a los derechos humanos. Lo que se requiere es que el Ejército abra sus prisiones y archivos, para determinar quienes cometieron esta clase de delitos de lesa humanidad y se tomen medidas para evitar que se repitan.

Recientemente el gobierno ha llevado a cabo actos de ofrecimiento de disculpas a familiares por la responsabilidad del Estado en desapariciones forzadas cometidas en años anteriores y ha aceptado retirar las reservas para que el Comité de Naciones Unidas pueda investigar casos particulares de desaparición forzada en nuestro país, lo que ha sido recibido como un paso positivo por familiares y organizaciones, pero siguen luchando hasta que haya verdad y justicia y se logre la presentación con vida de sus seres queridos. Es lo que también han señalado padres y madres de los 43 desaparecidos de la Normal de Ayotzinapa, quienes saludan la voluntad política de avanzar en las investigaciones y la detención de un militar, así como las órdenes de aprehensión dictadas contra decenas de posibles responsables de la desaparición en Iguala la noche del 26 de septiembre de 2014, pero seguirán movilizándose hasta lograr recuperar con vida a los estudiantes desaparecidos.

Por todo ello es necesario más que nunca luchar contra la práctica de la desaparición forzada como una biopolítica del poder en contra de luchadores sociales, ahora extendida a miles de personas mediante la acción, omisión o aquiescencia del Estado. Aún a pesar de que haya significativos avances en el instrumental jurídico para investigar, sancionar, prevenir y erradicar la desaparición forzada, que no existía décadas atrás, y que ahora existe en el marco internacional con la Convención sobre Desaparición Forzada, el Comité ad hoc de la ONU que ya puede investigar casos ocurridos en nuestro país y con la Ley en la materia vigente en Morelos desde el 2 de septiembre de 2015 y la Ley sobre Desaparición Forzada aprobada por el Congreso de la Unión y publicada en 2017 (LEY GENERAL EN MATERIA DE DESAPARICIÓN FORZADA DE PERSONAS, DESAPARICIÓN COMETIDA POR PARTICULARES Y DEL SISTEMA NACIONAL DE BÚSQUEDA DE PERSONAS http://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5504956&fecha=17/11/2017).

Si bien es cierto que hay ahora una mayor conciencia y preocupación por los derechos humanos en la sociedad que cuando empezamos nuestra lucha por la presentación de los desaparecidos, en Morelos es fundamental que se aplique de manera eficaz la ley en contra de la desaparición forzada, se apliquen los mecanismos de búsqueda y localización de personas desaparecidas y se termine con la criminal práctica de la detención-desaparición forzada por parte del gobierno y las corporaciones policiacas y militares.

No hay lucha perdida más que la que se abandona. Al cumplirse 32 años de la desaparición forzada de José Ramón García Gómez en Morelos no olvidamos y seguimos exigiendo verdad, justicia y castigo a los culpables, para evitar que continúen las desapariciones de manera impune que ya eleva el número de desapariciones a más de 72 mil en todo el país, y un proceso de militarización de la seguridad pública que podría disparar la cantidad de desapariciones forzadas de activistas y ciudadanos.

Recordemos que fue precisamente la lucha contra el fraude electoral del salinismo lo que originó la desaparición de José Ramón en Cuautla, Morelos. Por ello es que reiteramos nuestra solicitud de que esta Comisión de Búsqueda asuma el caso de José Ramón García Gómez, ya que como lo hemos expuesto, nunca ha sido localizado ni se ha sancionado a ninguno de los policías cuya culpabilidad se demostró, sin que hasta la fecha se haya emitido sentencia alguna al respecto. ¡Porque amamos, luchamos!

Por la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos A. C.

Juliana G. Quintanilla

José Martínez Cruz

Paloma Estrada Muñoz

Marco Aurelio Palma Apodaca.

 

 

 

En este país la muerte tiene permiso: Crímenes de odio en tiempos del covid-19

Fotos: Polo Gómez y Concepción Alemán-Castillo Peñaloza. 

 

Texto: Marco Antonio Pérez Gaspar

 

Más de 2000 asesinatos han sido documentados de gays, lesbianas, bisexuales y principalmente personas trans en los últimos años. En el 2019 se contaron tan solo 119 asesinatos. En lo que va de este 2020 y pese a estar en pandemia van más de 100. Mucho podríamos decir basta hacer un breve recuento de esas muertes, y esta vez no fueron por enfermedad o por el paso del tiempo, sino porque alguien decidió acabar con sus vidas señala Joe Almaguer como integrante del colectivo “Luz por nuestros muertos”, como cada año al finales de noviembre el Hemiciclo a Juárez en La Alameda en el Centro Histórico de la Ciudad de México alberga a quienes con veladoras y fotografías se niegan a olvidar a los suyos a pesar de la indiferencia gubernamental y familiar en algunos de los casos, cuyos familiares deciden guardar las apariencias sociales de sus difuntos dejándolos en la oscuridad por temor al escrutinio público.

 

En este país la impunidad reina día con día.

Los medios de comunicación han contribuido a contabilizar las cifras del odio en México porque sus reportes policiacos son parte esencial ante los vacíos de información en las instancias gubernamentales, en este país los días para conmemorar poco cambian la realidad y las leyes solo los gritos, la indignación, las marchas, las protestas son lo único que sirve para levantar la voz y exigir justicia así lo declara Concepción Alemán-Castillo Peñaloza.

 

JUNIO

• Karina, una mujer transexual, originaria de Honduras, fue apuñalada en el estómago la noche del jueves 2 de junio en Chalco, Estado de México.

• Gabriela “N”, persona transgénero, fue encontrada sin vida, en la Colonia Sabina de Tabasco, durante las primeras horas del 30 de junio, su cuerpo presentaba golpes e impactos de bala.

• La médica María Elizabeth Montaño, quien laboraba en el Centro Médico Nacional Siglo XXI del IMSS y era defensora de la atención para las personas LGBT+, fue localizada sin vida luego de 10 días desaparecida a un costado de la carretera México-Cuernavaca, a la altura de Tres Marías.

 

JULIO

• El 4 de julio Víctor Hugo N., de 32 años, fue atacado a tiros en Tehuacán, Puebla por un grupo de mecánicos, quienes antes lo habían insultado por ser homosexual. El joven recibió un disparo en la pierna y otro más en la cabeza.

 

 

AGOSTO

• Brandy Cortez, mujer trans fue asesinada en su domicilio junto a su madre en el municipio de Puente Nacional, Veracruz.

• Asesinan en el municipio de Casimiro Castillo Jalisco a Britani Jaqueline, la golpean hasta quitarle la vida, los policías fueron detenidos junto con el comisario.

• Janine Huerta, mujer transgénero, activista, promotora de la salud y los derechos de la comunidad trans, fue encontrada muerta el 28 de agosto en la sala de su casa en Tijuana. Su cuerpo presentaba huellas de golpes en el rostro y lesiones hechas con un arma punzocortante.

• Javier Eduardo Pérez Hidalgo, de 34 años fue reportado desaparecido por su familia en la Ciudad de México, su cuerpo fue localizado a finales de agosto en la colonia Acapantzingo, en Cuernavaca, Morelos.

• Samantha Rosales Barrios, mujer transgénero de 23 años, murió atropellada por un grupo de sujetos que la persiguieron a bordo de un automóvil en Puebla. 

 

SEPTIEMBRE

• El cuerpo de una persona trans con evidentes signos de violencia fue encontrado a principios de septiembre en un terreno baldío del municipio de García, Nuevo León.

• El 2 de septiembre asesinaron a Mireya Rodríguez Lemus, presidenta de Unión y Fuerza de Mujeres Trans Chihuahuenses.

• El asesinato en Chihuahua de Lesly, el 5 de septiembre sigue impune.

• Chuya, asesinada en Ciudad Juárez, el pasado 14 de septiembre de 2020.

• Jonathan Santos, de 18 años, joven universitario reconocido por ser defensor de la comunidad LGBTQI en Guadalajara, lo asesinaron de un disparo en la cabeza en septiembre.

• A principios de septiembre Fabiola, joven de 23 años fue atacada sexualmente en su propio domicilio, en Cancún, acto calificado por colectivas feministas como un delito con raíces lesbofóbicas, debido a su orientación sexual.

• Guadalupe Geraldine, mujer trans de 60 años murió en un hotel de Mérida, su cuerpo fue encontrado con un cubrebocas. 

• El 23 de septiembre fue asesinado a golpes en su casa el estilista y coreógrafo Arturo Palacios, en el municipio de Coatzacoalcos, Veracruz.

• La activista por los derechos de la diversidad sexual, Regina Zoé Magallón Medida, fue agredida con un machete en el municipio de Tecomán, Colima. 

 

 

OCTUBRE

• En el tramo de la carretera Tuxtla-Copoya de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, fue encontrado el cadáver de Violeta, una mujer trans que había sido buscada por la Fiscalía del estado como hombre. 

• Greteel Ceballos Ramírez, mujer transgénero de 35 años, fue asesinada el 3 de octubre en Minatitlán, Veracruz, por dos sujetos a bordo de una motocicleta quienes la interceptaron poco antes de llegar a su casa y le dispararon para luego huir con rumbo desconocido. 

• El 4 de octubre en la colonia Santa María Aztahuacán, en Iztapalapa, Marcos hombre transgénero de 17 años fue herido con arma blanca por su cuñado, el menor de edad salió a la calle para pedir ayuda, pero murió antes de que lo auxiliaran.

• 5 de octubre, Erick Deseano, un hombre trans de 36 años, cortador de piña de Ciudad Isla Veracruz, fue brutalmente asesinado, le ataron de pies y manos con un cable, le golpearon en varias partes del cuerpo, con huellas de violencia sexual y con heridas de arma blanca en su cara, cuello y cuerpo hasta quitarle la vida.

• Aitana Valeria Ramírez, mujer trans de 28 años; Jonathan Carrillo Valdepeña, de 25, y José Manuel Aguilar Velazco, de 21 años, fueron vistos por última vez en el municipio de Yautepec el 20 de septiembre, un mes después se reportó el hallazgo de los cadáveres en una vivienda situada en los límites de Morelos y el Estado de México, entre los municipios de Totolapan y Juchitepec.

• Bárbara Valencia, mujer transexual de 25 años de edad, fue asesinada el 22 de octubre en La Paz, Baja California Sur, fue encontrada en un domicilio. Su cuerpo presentaba una herida severa en el cuello. 

 

NOVIEMBRE

• Jordan Alexis Ramírez Meza, de 26 años, desapareció el miércoles 17 de junio en Ecatepec, su cadáver fue hallado días después de su desaparición y enviado a una fosa común. Apenas dieron aviso el 16 de noviembre. Se desconoce el lugar donde fue encontrado, así como causas de su muerte, toda vez que la Fiscalía de Homicidios y la Fiscalía de Desapariciones del Estado de México han caído en inconsistencias y omisiones.

 

El recuento de los daños

De acuerdo con Alaín Pinzón de VIHVE Libre “el año 2020 está por concluir, pero no así los casos de SIDA, en lo que va del año son veintisiete personas las que han llegado a nosotros pidiendo ayuda pues su salud se encuentra seriamente comprometida, para tener un claro contexto, tan sólo en el año 2019 sólo registramos tres casos; con mucho dolor hemos sido testigos de muchas pérdidas humanas relacionadas por el SIDA, hemos perdido amigos, hermanos y conocidos, en pleno 2020 siguen muriendo personas por causas relacionadas con el SIDA, hemos perdido seres queridos pero lo que nunca perderemos es nuestro coraje y decisión para seguir luchando y levantando la voz para hacerle saber al estado mexicano que esos muertos son sus muertos y siempre será su responsabilidad”. 

La negligente actuación en cuanto a política pública-continúa Alaín- ha ocasionado según datos de CENSIDA que la detección de VIH disminuyera un 59% en relación con el año 2019 y sin temor alguno podemos afirmar que el estado desatendió una pandemia que lleva más de 30 años para dirigir todos sus ‘recursos’ en la actual, a tal grado de quitarle dinero a un fondo destinado a la salud. 

Muchos son los avances científicos, muchos los discursos, muchas las cifras, pero en pleno 2020 las personas siguen muriendo de SIDA, siguen muriendo por el evidente desinterés del estado mexicano. 

Alaín Pinzón seguirá luchando y gritando con mucho dolor por las ausencias de sus muertos, su voz seguirá exigiendo: ¡Fue el estado mexicano!

La violencia hacia las disidencias sexuales en México no está en cuarentena según cifras del Centro de Apoyo a las Identidades Trans (CAIT) en lo que va del año ha documentado 35 asesinatos a personas trans por razón de odio o transfobia, del 2007 a agosto 2020, esta cifra se incrementa a 540 asesinatos, así lo informa Juan Carlos Yustis.

 

La poesía como antídoto contra la Homolesbitransfobia

La poesía contra el odio y la intolerancia y flores otra vez flores; siempre   flores y poesía, que nuestros cuerpos sean siempre libres de amar y expresar su condición humana, su feminidad así lo dice Manuel Amador. Quién aprovecha la oportunidad para compartir la poesía como un antídoto contra la violencia y el rechazo a la diferencia.

 

Ante la homofobia, la Sonrisa.

A la memoria de las víctimas de odio, para perpetuar su memoria, sus rostros, sus sonrisas. Ante la homofóbia, la transfobia, la lesbofobia, la bifobia, estará siempre la sonrisa.

Cuántas veces el miedo deberá transitar entre nuestros huesos.

Cuántas veces es necesario soportar, la angustia del qué dirán. 

Cuántas veces la forma en que se expresa el amor deberá ser motivo para la sangre.

Cuántas veces el escarnio abofeteará nuestras voces.

Cuántas veces la burla hará de las suyas ante nuestros rostros.

Cuántas veces el dolor, otra vez, sobre nuestras conciencias.

Cuánto es necesario gritar.

Cuántas veces es necesario no callar, ante los asesinos.

Cuántas veces las alas rotas, cuando los nuestros caen.

Cuántos caminos deberemos transitar para entendernos y desvanecer el miedo ante la mirada que vigila.

Cuántas manos son necesarias para entrelazar las risas y que crezcan ahí entre la caída de la sangre, las alas y que no pare la alegría.

Qué nadie nos quite las ganas, las ansias del beso.

Qué nadie nos robe los sueños tantas veces sea necesario alzar nuestro rostro, lo haremos y dejar ahí la sonrisa, suspendida en el aire pues a nadie le corresponde sólo a nosotros.

Un veneno atraviesa el viento ante nuestros pasos y ante nuestras risas: es el veneno de la homofobia …y sin embargo está ahí la sonrisa. 

 

Manuel Amador